miércoles, 19 de febrero de 2014

IMAGINA.- Por Blanca Mayor Gomá

-Abuelo, ¿por qué mi hermano se va otra vez ?. -le preguntó el pequeño Gonzalo a su abuelo mientras terminaban una partida de dominó. El anciano colocó la ficha del seis doble sobre el tapete, y con una amable sonrisa le contestó a su nieto:

-Una pregunta difícil y fácil de responder al mismo tiempo. A ver si te lo puedo explicar…-le miró durante unos segundos y añadió:- Imagina que cuando tu hermano llega, allí donde tenga que estar, ilumina el día más nublado y tormentoso. Imagina que aquél que le espera  con desesperación, descansa al sentir una cálida voz que dice su nombre. Imagina que en la noche fría y gris, el calor de las palabras de tu hermano derrite el corazón helado del que le escucha.  Imagina que el tiempo que dedica a muchas personas, sirve para, minuto a minuto, llenar de ilusión el reloj de sus vidas. Imagina que alguien ha perdido sus raíces, y que la solidaridad de tu hermano es la pala de tierra que prepara el terreno para plantarlas de nuevo. Imagina que, sobre una marea negra, las manos de tu hermano vierten cal blanca para borrarla. Imagina que en un paisaje ardiendo en llamas, su socorro es una gota más con la que extinguirlas. Imagina que, tras una guerra, la puerta de la felicidad se ha cerrado y tu hermano abre una nueva que conecta con el país de la alegría. Pero sobre todo, imagina que la mirada iluminada de cientos de personas enciende una llama en el corazón de tu hermano. 

-¿Por todo eso se va?.

-Por todo eso y por mucho más. Imagina que esa llama es la fuerza con la que tu hermano y otros como él  izan las velas del mundo. Imagina…

Blanca Mayor Gomá
-Categoría La Rioja-

jueves, 13 de febrero de 2014

TARDE GRIS EN NINGUNA PARTE.- Por Amalia Ovín Rodríguez

No fue el hecho de que fueras voluntaria en la Cocina Económica y cada noche me dieras un plato de comida caliente con una sonrisa. No fue el hecho de que siempre tuvieras buenas palabras para todos. Fue el hecho de que dijeras mi nombre y te sentaras conmigo en el bordillo de una calle cualquiera como si no tuvieras nada mejor que hacer. Fue el atisbo de esperanza que despertaste en mi interior con tus ojos amables y tus historias sin importancia. Fue el que me hicieras sentir persona, que me dieras la identidad que otros me quitaban cuando, creyéndose buenos, dejaban caer veinte céntimos en mis manos heladas.

Fue, simplemente, que estuvieras conmigo aquella tarde gris en ninguna parte.

Gracias. Mucha gracias, porque “lo único capaz de salvar a un ser humano es otro ser humano”. Quien lo dijo no sabía la razón que tenía.

Amalia Ovín Rodríguez
-Categoría La Rioja-

TAPONES.- Por Nuria San Servando Hernández

María tiene 10 años. Le encanta ir al colegio,  al de los Maristas que es el suyo. Si no fuera porque siempre va sobre cuatro ruedas quizás no fuese objeto de tantas miradas,  o por lo menos no lo sería por pena, lástima o compasión. 

Las dificultades a su edad son para ella retos, pruebas a superar para obtener recompensas: satisfacción, orgullo, alegría, bienestar, euforia o gozo. María es especial por el brillo de sus ojos, por su sonrisa, por su manera de relacionarse, por hacer de todo un juego divertido pero real. No sólo el esfuerzo personal y el afán luchador pueden con los desafíos que sólo un grupo, un equipo puede lograr. Con gestos simples o acciones pequeñas que se suman para crear un movimiento.

Carlos vive en la misma ciudad que María. Es un empresario de éxito con una empresa de reciclaje que a lo largo de los años ha conseguido una posición estratégica en el sector. La solidaridad forma parte de la filosofía de vida de Carlos y ayudar de manera altruista ha convertido su empresa en un referente para aquellos que buscan ayudas en la iniciativa privada.

Pero María es diferente. Ella irradia algo especial, eso movió a Carlos a ponerse en contacto con ella para ayudarle, quería conocer cuanto necesitaba para su silla nueva y él estaba dispuesto a comprarla, sin embargo ella le propuso un reto: te cambio una silla de ruedas por su peso en material reciclable” y tras una divertida conversión el resultado fueron 1.000.000 de tapones por la silla de ruedas que María necesitaba.

Y así surgió un nuevo movimiento solidario para María y muchas personas más.

Nuria San Servando Hernández
-Categoría La Rioja-

Y NO PARABA DE LLOVER.- Por Carlos Moreno Morales

Despertó aquella mañana oyendo la lluvia repiquetear contra los cristales de su cuarto. Se levantó, como se levantan los cuerpos cansados por los años, con lentitud y parsimonia. Tenía todo el tiempo del mundo, aunque sabía que no le quedaba mucho para gastar en este mundo. Se vistió su amplia camisa y sus calzones de algodón. No le gustaba llevar ropa que le recordara su anterior vida en la ciudad, prefería parecerse a aquellos campesinos a los que ayudaba a sobrevivir.

Los recuerdos comenzaron a agolparse en su cabeza. Le llegó la imagen de su mujer, cuando todavía la enfermedad no le había arrebatado ni una pizca de su belleza natural. Sonrió sin ganas, como haciéndole una mueca a aquel triste destino, que le había ofrecido la mayor de las ironías, porque, al arrebatarle a su alma gemela, había abierto en él las ganas de ayudar a los demás. Se preguntó si ella le estaría observando, si sentiría, como él, que estaba haciendo lo correcto. Pensó que sí, que en algún lugar, en ese lugar donde van las almas buenas, ella estaría feliz de verle con los más pobres entre los pobres, con los más felices entre los felices.

Se asomó a la ventana y vio, entre la fina lluvia, que todavía regaba aquellos campos de cacahuetes, a los niños jugar con una pelota desvencijada. Miró a Thypeswamy y vio en su cara una sonrisa de felicidad completa. Esa felicidad que jamás había visto en su anterior vida occidental y civilizada. Entonces entendió que sí, que estaba haciendo lo correcto, lo que siempre quiso hacer. Comprendió que cuanto más das a los demás, más tienes en tu corazón. Y que la felicidad y la solidaridad se hacen más grandes, cuanto más se entregan a los demás.

Carlos Moreno Morales 
-Categoría La Rioja-

OLVIDOS IMPORTANTES.- Por Ramoni Valverde López

Pasaba horas mirándola en su inmovilidad, buscando rasgos de su madre, esperando que su sonrisa saliera a flote y le diera una pista de que seguía allí, de que debajo de esa cara sin expresión, seguía estando esa madre que lo llenaba todo, incluso cuando quería pasar desapercibida. Pero lo más difícil, era darse cuenta de que el mayor miedo, ya no era a que su madre no la reconociera, sino a dejar de reconocer a su madre en aquella mujer impasible.

Estefanía, se ofreció voluntaria para leerle o explicarle cosas de su vida, que previamente le habían escrito sus hijos, para intentar hacerle rescatar, todo aquello que la había hecho estar viva y que su olvido, la alejaba cada vez más. 

Ella la miraba con esa tristeza que los paralizaba a todos, envidiando esa alegría del que se sabe ajeno, y agradeciendo cada palabra amable y paciente, cada caricia, cada sonrisa, pero sobre todo, el cariño con el que la trataba, que era casi, el único sentimiento que su madre reconocía. 

A cambio, su madre le brindaba aquellas miradas llenas de sorpresa e ilusión, al recordar o descubrir, lo feliz que fue el tiempo que pasó de niña en la Ribera; su boda con Esteban, después de ocho años hablando por la ventana; de cómo hizo para no separarse nunca de sus padres; del nacimiento y nombre de sus cinco hijos, de lo mucho que los quería y la querían, y de cómo consiguió que fuesen niños felices y adultos honrados y honorables, a pesar de todos  los momentos difíciles, momentos que ella, hacía tiempo que había olvidado, pero esta vez, voluntariamente.

Estefanía fue aire fresco en sus vidas, contribuía a un mundo mejor para todos, aunque lo que realmente mejoraría el mundo es que estuviese prohibido olvidar todo aquello que se ama.

Pero ni Estefanía ni nadie pudieron aliviar los momentos más duros. De entre todos, ella siempre recurría a aquel, en  el que sentadas en la cama, e indefensas ante el olvido, miró a su madre, y le dijo, “¡Ay mama, si supieras cuánto me querías!” y en aquel instante, su madre volvió a ser su madre, y echó la cabeza sobre su hombro, a modo de perdón. 

Perdón, no por haberla olvidado, sino por olvidar que la quería, más de lo que ella misma se había querido nunca. 

Ramoni Valverde López
-Categoría La Rioja-

AIRE DE CRISTAL.- Por Josu Arroita Martín

Caminando hacia la cumbre me encontraba, cuando paso a paso mi mente estaba más sin mí que conmigo. Volvía la misma idea a mi cabeza, pero no podía oír mis propios pensamientos. Sonreí recordando a otro Súper que filtraba socorros en su mente: “ ‘tú eres como eres, y nadie es como tú’. ¿Por qué no puedo apartar esa simple frase de mi mente? No es más que una… espera un momento…”

Las imágenes llegaban a mi cabeza, desordenadas y sin lógica, como un velero sin patrón ni vela. ”¿Puede que sea yo?” A medida que mi ascensión progresaba, también lo hacía mi consciencia, hasta que me detuve en seco, a medio camino entre ningún sitio y el cielo. “¡Claro! ¡Voluntad no es el camino, sino el fin en sí mismo!” Retomé mi marcha y, con cada paso, más se aclaraba la respuesta: “No hay que donar materia, sino conocimiento. El poder está en el saber, y en el saber, la igualdad”. Mi respiración se agitaba al aumentar inconscientemente mi ritmo, encajando piezas muy sencillas: “Hace falta la voluntad de transmitir ese conocimiento de extremo a extremo. ¡Nadie volvería a pasar hambre enseñándoles a cosechar; nadie pasaría frío, ni pobreza, nadie…!” Sin darme cuenta, me quedé ya sin camino que andar, había llegado a la cumbre, y con ella una palabra me hizo caer más alto que la propia montaña: “¿Utopía? Desde el momento en que nacemos la palabra igualdad es su sinónima. Al final, unos tendrán más que otros, pero… ¿y si soy el primer voluntario? Afectaría a más personas que el resfriado común, y tal vez; sólo tal vez, sí existiría la palabra igualdad”. 

Mirando al mar de nubes que había a mis pies, la flor de edelweiss era testigo del surgimiento de una nueva esperanza: “soy como soy y nadie es como yo pero; si fuera fácil, lo haría cualquiera”.

Josu Arroita Martín
-Categoría La Rioja-

EL CAMBIO QUE PRODUJO UN SUEÑO.- Por Pilar Uruñuela Aransay

Soñé con árboles sin ramas, con mariposas sin alas, con gente en un mundo sin sentido.  Todo era real.  No me sentía bien. Necesitaba un cambio. Yo tenía la voluntad y el aplomo. Mi mundo podía ser mucho mejor.

Le di la vuelta a mi sueño. Me adentré en un bosque con árboles que tenían ramas de colores, los colores de la solidaridad. Nadie se sentía solo. Por el bosque  volaban mariposas con alas que transportaban buenas noticias. ¿Y la gente? En ese hermoso bosque vivían personas con ganas de luchar, de disfrutar con lo que hacían, de contar bellas historias a niños necesitados de aventuras y de leyendas fantásticas. En esos breves minutos: cabalgaron reyes en coches de carreras, los soldados nadaban para buscar  a su amigo el Soldadito de plomo, a un capitán le llamaban Cara Patata, Caperucita era muy gamberra y se divertía incluso con el lobo; sintieron el sabor amargo de la manzana envenenada de la madrastra de Blanca Nieves. 

¿Qué conseguían esas personas adultas cada día? No pretendían nada. Sentían el calor de una sonrisa. Se despedían llenos de felicidad, hasta el día siguiente, porque hacían algo que les gustaba y que agradaba a “esos locos bajitos” que cantó J.M.Serrat.

Desperté de mi sueño muy contenta, feliz de haber encontrado un mundo mejor, en el que estaba incluida. En él podía ser: la Reina de las hadas, la Bella Durmiente, el Sastrecillo Valiente, el Domador de Serpientes, la Cerillera. 

Y pensé que…colorín colorado, ese sueño me había gustado.

Pilar Uruñuela Aransay
-Categoría La Rioja-